La evolución de las pantallas


Gracias a la Internet es posible acceder a videos de grandes presentadores. Uno de mis sitios favoritos (por la posibilidad de ver las presentaciones) es el de Apple. En la página correspondiente puedo descargar las Apple Keynotes y ver a un maestro presentador en acción, el Sr. Steve Jobs. Para quien pretende mejorar, estos videos tienen valiosas lecciones de cómo estructurar y entregar un mensaje. Las pausas, la teatralidad, el suspenso, la pasión y hasta el humor se conjugan en cada conferencia de la marca de la manzanita. Cuando vi la primera, una de las cosas que me llamó la atención fue la pantalla. Es realmente grande, tal como puede apreciarse en esta captura.

Otro ejemplo de pantallas de grandes dimensiones puede verse bajo estas líneas o en el sitio de la Fundación de Bill Gates y su esposa. Observen cómo el soft de presentación ha sido configurado para aprovechar al máximo las dimensiones de la tela.

Vodpod videos no longer available.

Dos noticias: una buena y otra mala

Comencemos por la buena. Las nuevas tecnologías son cada vez más accesibles y las pantallas grandes ya no son patrimonio exclusivo de gigantescas corporaciones. ¿Y por qué esto es buena noticia? Por la mismas razones por las que los televisores de gran formato son tan populares. El mayor nivel de detalle, la sensación de inmersión y la calidad de imagen configuran una experiencia casi cinematográfica. Para quienes proponemos hacer las presentaciones más visuales, apoyadas en fotografías de alta calidad, las grandes pantallas son el sueño del pibe. Uno se siente como Al Gore en “Una verdad incómoda”, la película ganadora de un oscar que trata sobre el cambio climático.

Nota: Además de un mensaje poderoso, la película ofrece una lección de cómo presentar con multimedia, por lo que les recomiendo que la vean (está en DVD).

¿Y la mala noticia? El problema con las pantallas enormes es que suelen desviar la atención que debería prestarse al presentador hacia lo proyectado. Es una cuestión natural de escala y de contraste: tendemos a ver con más detenimiento aquello que es más grande. Sencillamente, es la forma en que está configurado nuestro cerebro.

En mi opinión, si no se tiene en cuenta, este aspecto puede ser negativo ya que la estrella de la presentación debería ser el presentador y su mensaje, no las imágenes que proyecta. Si la audiencia recuerda más las imágenes que el contexto o la historia que sustentan, el comunicador fracasó en su objetivo. Una respuesta a este dilema está en las presentaciones de Steve Jobs. ¿Pueden encontrarla?

 

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