¿Qué dijo? Discursos en piloto automático


El año pasado brindé un curso sobre diseño de presentaciones en el INTA Jesús María. La jornada, plena de interacción con los asistentes, fue muy enriquecedora para mí. En ese intercambio uno de ellos me obsequió una fotocopia del Manual para el discurso o documento perfecto, un gracioso generador de frases vacías con el que nos divertíamos junto a los compañeros de secundaria. El mecanismo es simple: escogemos una frase de la primera columna, una frase de la segunda, otra de la tercera y por último una de la cuarta.  A continuación, pueden intentarlo con una de las tantas variantes que pueden encontrarse por Internet. El resultado no tiene desperdicio.

A palabras necias, oídos sordos

Lamentablemente, es frecuente escuchar en muchas presentaciones frases huecas pero que suenan eruditas. A mi parecer, su uso responde a dos motivos: ego e ignorancia

1. Ego El objetivo de toda presentación debería ser la conexión con la audiencia para que comprenda y recuerde las ideas del expositor. Pero cuando el interés de este último está enfocado en demostrar su superioridad, en despegarse de su audiencia que no sabe nada, es común que la jerigonza haga su aparición bajo la forma de lenguaje muy técnico, neologismos o incluso palabras inventadas. El resultado es la incomprensión o incluso la risa; tal como ocurrió durante el discurso del ministro de finanzas de Suiza, Hans Rudolf Merz en el Parlamento de su país. En esa ocasión brindó una explicación tan repleta de tecnicismos incomprensibles que él mismo comenzó a reírse de ella.

2. Ignorancia Cuando el expositor sabe poco o nada de su tema, piensa que lo peor que puede ocurrirle es que su audiencia se percate de su desconocimiento. En realidad, la catástrofe acontece cuando, para parecer que está preparado, recurre a frases sin sentido. Las preguntas a las concursantes en certámenes de belleza suelen abundar en ejemplos ilustrativos.

Cualquiera sea la razón por la que un presentador apela a frases vacías de sentido, el resultado es la incomprensión. La audiencia sencillamente no entiende qué se le quiso decir y la presentación queda condenada al fracaso.

Hablar sin divagar

Para evitar bochornos hay que tratar a la audiencia como un rey, ponernos en sus zapatos y considerar su conocimiento del tema a presentar, sus expectativas sobre nuestra charla y cómo satisfacerlas. Es necesario dejar el ego de lado y entender que no hablamos para sentar supremacía sobre los asistentes, sino que debemos procurar su entendimiento y recordación. En el improbable caso de vernos obligados a hablar de algo que conocemos superficialmente, es más ético cambiar la modalidad y plantear un debate en vez de una presentación. Para cerrar, nada mejor que un tema de Serrat donde con ironía y gran manejo del idioma, en las últimas estrofas emula las vacías palabras de más de un político.

 

 

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2 respuestas a ¿Qué dijo? Discursos en piloto automático

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