La interactividad con la pantalla


Quién no ha sufrido una presentación donde un orador estático sólo lee la pantalla, escondido atrás de un podio o un escritorio. Estos parapetos atrincheran al presentador y se erigen como una barrera entre él y su audiencia. Para peor, suelen estar ubicados al costado del escenario, desplazando la atención de la audiencia a la proyección. Así, las diapositivas se convierten en la estrella de la presentación relegando al presentador a un segundo plano. Garr Reynolds, el autor de Presentation Zen, añade esta reflexión sobre estas barreras:

“Los podios pueden hacer lucir al presentador con autoridad y al comando. Este es el motivo por el cual los políticos aman hablar detrás de ellos en la mayoría de los casos”


Para quienes no sean políticos o no deseen proyectar una imagen autoritaria, estas barreras y trincheras no son recomendables. Los podios ocultan al presentador, restringen su libertad de movimiento y limitan la conexión con su público. ¿Cómo evitarlos?

Presentar fuera de las trincheras

Una manera de no caer en la trampa del podio es analizar cómo lo hacen otros presentadores. Un buen ejemplo es Hans Rosling, el gran presentador varias veces citado en este blog. Como ven en la foto, su modo de presentar es vigoroso, energético y con mucha interacción física con la proyección.

La anterior es una imagen tomada de una de sus presentaciones en TED. El sitio web de estas conferencias contiene una vasta colección de videos (muchos subtitulados en español) con los mejores presentadores del mundo. Y adivinen qué: ninguno usa podios, así que el sitio de TED es un gran recurso sobre este tema en particular.

En otras ocasiones, el uso creativo del software de presentaciones requiere la movilidad del orador. Si creen que la creatividad no tiene lugar en las presentaciones, los invito a ver el siguiente clip. (Consejo: es imprescindible contar con un control remoto)

Todos estos ejemplos nos muestran diferentes estilos de interactuar con lo que proyectamos. Esta interacción nos exige abandonar el podio. Al hacerlo lucimos menos tiesos y más confidentes, podemos desplazarnos al centro del escenario (donde la gente tiende a enfocar su atención) y la audiencia es capaz de leer nuestro lenguaje corporal. Abandonar la trinchera puede hacernos sentir inseguros, incluso aterrados, pero con la práctica se superan estos temores. El esfuerzo valdrá la pena y la conexión con la audiencia estará garantizada.

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3 respuestas a La interactividad con la pantalla

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