La audiencia, esa extraña desconocida


El grupo de rock Las Pelotas revela en el diario de hoy que compusieron canciones que, según suponían, iban a ser unos hits. Según cuentan, ésas pasaron sin pena ni gloria y el público convirtió en éxitos las menos pensadas. En materia de presentaciones también ocurren estas sorpresas, aunque son indeseables. Cuando damos una presentación queremos que cause un efecto determinado y no cualquier otro; que se entienda un concepto y no se nos malinterprete. Procuramos evitar el acierto por pura casualidad y la ambigüedad. ¿Cómo lograrlo?

Conociendo a la audiencia

Si queremos que nuestro mensaje llegue a nuestra audiencia es necesario tenerla en cuenta. Esta empatía es algo fundamental y en lo que hacen hincapié los grandes profesores de diseño. Uno de ellos, Jorge Frascara lo expresa con estas palabras:

“Diseñar es dar forma adecuada a una comunicación de manera de impactar el pensamiento, el conocimiento o la conducta del público. Es evidente que no es posible concebir principios universales para el diseño de esas formas: todo mensaje tiene contenidos específicos y se dirige a públicos específicos.”

Una exposición para universitarios no debería ser brindada en los mismos términos a alumnos de secundaria. Este ejemplo burdo y extremo sirve para ilustrar un error común: no ponerse en los zapatos de la audiencia y desconocerla.

Si no consideramos su nivel académico ni sus motivos para asistir; si no nos preguntamos por sus expectativas y cómo satisfacerlas con nuestra charla; si desconocemos si lo que vamos a decir es importante para ellos o nos excedemos del tiempo que nos asignan, la desconexión de la audiencia está casi garantizada.

Cuestión de prioridades

Una excesiva preocupación por la forma distrae a muchos presentadores de la necesidad de entender y comunicarse con su audiencia. Las computadoras ayudan a producir y manipular formas, pero no ayudan a entender un problema comunicacional ni a concebir su solución. Por eso antes de pensar en fondos, colores o efectos, deberíamos preocuparnos por definir nuestro punto central y su importancia para una determinada audiencia. Solo así podremos diseñar exposiciones que lleguen a esa audiencia y que generen en su pensamiento y en sus acciones la respuesta deseada.

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3 respuestas a La audiencia, esa extraña desconocida

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