Equilibrio y espacio en blanco


Si leyeron dos entradas anteriores que titulé “Lo positivo del espacio negativo” y “Diseño y espacio en blanco”, ya tienen una idea de por qué vale la pena usar apropiadamente el espacio en blanco en nuestras diapositivas. Resumiendo, aprendimos que el espacio en blanco (o negativo) no es necesariamente blanco ni debe ser llenado lo más que se pueda. Y fundamentalmente, que si queda blanco no es un desperdicio.

Además un buen manejo del blanco en la diapositiva ayuda a determinar qué es importante, brinda un lugar para que los ojos descansen y dirige la mirada hacia lo que importa. Todo bien entonces, el espacio en blanco es importante; pero ¿cómo lo implementamos en nuestras diapositivas?

Diapositivas equilibradas

En realidad, el solo hecho de dejar mucho blanco en las diapositivas no garantiza esos resultados. El blanco es condición necesaria pero no suficiente. ¿Qué más necesitamos? Debemos diseñar las diapositivas balanceando el espacio negativo con los elementos positivos (figuras, textos, gráficos, etc.). Como en otros aspectos de la vida, necesitamos equilibrio. Pero, ¿qué es el equilibrio? ¿Y por qué es necesario para potenciar el espacio en blanco?

El equilibrio es algo que desarrollamos desde niños y que verificamos en el mundo que nos rodea. Incluso cuando nos movemos, lo hacemos balanceadamente o nos caemos. El desequilibrio es perturbador y por eso evitamos pisar superficies flojas o resbaladizas. Pero aún cuando no hay peligro físico presente (como en el caso de una foto o una diapositiva), nos sentimos más cómodos con una composición balanceada. El diseñador Guillermo González Ruiz lo define de la siguiente manera:

“El equilibrio visual es el estado de distribución de las partes por el cual el todo ha llegado a una situación de reposo. Una composición desequilibrada se ve injustificada, inestable e incoherente.”

De esta definición podemos inferir por qué es tan necesario equilibrar nuestros diseños. Al hacerlo, evitaremos diapositivas arbitrarias, ambiguas y obtendremos a cambio coherencia y armonía. Básicamente, hay dos modos de balancear una composición visual: el simétrico y el asimétrico. En las próximas entradas veremos cómo hacerlo de ambas maneras y con ejemplos prácticos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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