Una visión bien presentada puede cambiar el mundo


Hace pocos meses asistí al discurso del nuevo presidente de cierta empresa. Su objetivo era incentivar a los empleados (de todos los niveles) para que le ayuden a cumplir la misión superadora que había trazado. En otras palabras, quería evangelizar al personal. Guy Kawasaki, ex ejecutivo y evangelizador de Apple, lo explica de la siguiente manera:

“Cuando usted evangeliza gente, ésta se apasiona, lleva la antorcha por usted, comparte los latidos de su corazón y lo defiende de sus enemigos.”

 

En general, todos queremos ser parte de algo más grande que nosotros mismos y sentirnos motivados por una causa. Pero para eso es necesario que nos presenten una visión, no una misión. Una visión es una imagen de un mundo que es mejor gracias a la idea del presentador. La misión en cambio, suele ser puro palabrerío mercadotécnico. La misión del presidente de este ejemplo, en una parte (es más larga aún) dice lo siguiente:

“Y hacerlo integrando las capacidades humanas
de su personal a los recursos materiales, econó-
micos-financieros y tecnológicos, mediante pro-
cesos, normas y procedimientos elaborados y
ejecutados competentemente, con la finalidad de
obtener utilidades para sostener e incrementar
su actividad principal.”

La mayoría de las misiones suenan parecidas a ésta. Están condenadas al olvido porque no cumplen con ninguno de los principios que los hermanos Heath establecieron para las ideas pegadizas: no son simples, inesperadas, concretas, emocionales, creíbles ni contienen una historia. Sólo tienen sentido para quienes la redactan (aunque ni ellos pueden recordarlas palabra por palabra) y son otro ejemplo de la Maldición del conocimiento.

Visiones, no misiones

Carmine Gallo, en su libro Los secretos de Steve Jobs, cuenta que cuando los creadores de Google solicitaron financiamiento a Sequoia Capital, los inversionistas les preguntaron sobre su visión del buscador. Los solicitantes respondieron que su intención era “Dar acceso a toda la información mundial con un clic”. Diez palabras para una misión audaz, comprensible, específica y fundamentalmente, breve. Casi como un tweet moderno.

En mi opinión, en una presentación es preferible expresar la visión y no la misión. Una visión bien formulada es inspiradora, nos pone a soñar y convierte en apóstoles de la organización a sus empleados, inversionistas y clientes. Y si pasa el test del ascensor y está expresada como un mensaje de Twitter, mejor todavía.

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