Documentales vs documentos


Desde hace unos años, el documental ha experimentado un boom en el cable. Canales como Encuentro, Discovery y NatGeo entre otros mantienen vivo el interés del público por un género que nació con el cine. ¿Por qué resultan interesantes? ¿Cómo rompen el prejuicio de que aprender es aburrido?

Una clave

En mi caso me llaman mucho la atención las bellísimas imágenes empleadas en los buenos documentales, captadas a menudo por fotógrafos y cineastas profesionales. La evolución tecnológica ha permitido generar incluso imágenes virtuales, que ilustran procesos imposibles de captar por microscopios o telescopios.

imagen1Arriba: Las animaciones digitales permiten visualizar conceptos que son oscuros de entender y muestran procesos que a menudo son imposibles de ver.

Cuentos bien contados

El aspecto visual es importante pero creo que no es lo esencial de los buenos documentales. Lo que realmente hace la diferencia es la historia que encierran, la cual nos inspira, conmueve, asombra, divierte o informa. A menudo, nos provocan todo esto al mismo tiempo. En vez de vomitarnos datos, los documentales nos los presentan envueltos en una narrativa que estimula las emociones.

¿Y por qué es importante una historia? Porque las historias y el componente emocional que involucran favorecen la comprensión, la atención y la recordación. La ciencia confirma que cuando escuchamos una historia, se encienden las mismas neuronas que cuando realizamos la acción que se nos relata. Por ejemplo, si se nos cuenta acerca de cómo patear un pelota se enciende la parte motora del cerebro que ayuda a patear en la vida real.

Como presentadores, esto es precisamente lo que queremos provocar en nuestra audiencia. Queremos que nos presten atención, que vivan y compartan nuestra pasión, preocupación o lo que sea que sintamos por un tema en particular. Como sabía Aristóteles, para un buen presentador (ethos) es importante que el mensaje sea poderoso a nivel intelectual (logos) y también emocional (pathos).

la retórica de Aristóteles

Ahora bien, no estoy proponiendo que nuestras presentaciones empiecen con un “Había una vez…” pero es conveniente dotarlas de una narrativa que mantenga el interés de la audiencia. Todas las presentaciones se beneficiarán de contar con un buen guión en vez de datos sin contexto y listados interminables. En este sentido, una presentación tiene más que ver con un documental que con un documento escrito.

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