Tres maneras de cerrar una presentación


Supongamos que todo está resultando bien: el proyector y el micrófono funcionan, las imágenes complementan el discurso en vez de transcribirlo, los datos se matizan con historias y anécdotas, y todo trabaja sinérgicamente para clarificar el punto central de la exposición. Como audiencia, entendemos perfectamente las ideas del expositor y todo se desarrolla bien hasta que de repente, aparece una pantalla con un “gracias” gigantesco y el ponente se despide ¿y ahora qué?

gracias

¿Qué hacemos con la información recibida?

Esta es la pregunta que surge naturalmente entre los asistentes a conferencias como la descripta, en las cuales recibieron información con claridad pero no les queda claro qué hacer con ella. En estas situaciones la claridad conceptual es insuficiente, y el expositor no debería confiar en que la audiencia descubrirá por sí sola cómo debe actuar a partir de su exposición. Lo ideal es que él lo diga sin ambigüedades, directamente.

Muchos expertos en comunicación acuerdan en que el cierre de una presentación es un momento crucial que determina el éxito de la misma. Lo que se diga en ese instante a menudo es la impresión final que queda en la memoria de la audiencia. Para no desperdiciar esa oportunidad, los gurús suelen brindar varios consejos y técnicas. De ellos rescato estas tres estrategias de cierre que me parecen de las más poderosas en términos motivacionales.

1. Llamado a actuar. El señalar un curso de acción, una medida a tomar o un paso por dar es una de las maneras más claras de motivar a la audiencia. No puede haber lugar para la timidez o la duda en la expresión de lo que los asistentes deben hacer a continuación. A menudo, este llamado recurre a frases tipo “para conseguir los objetivos expuestos, necesitamos…”; “si queremos evitar… tenemos que…”; “después de hacer… les garantizo que obtendremos…” y formas similares.

2. Pregunta retórica. Con este recurso se ofrece una opción tan inviable o inconveniente que no deja dudas respecto de la elección que se debe hacer. Un ejemplo clásico de esta estrategia es la pregunta que le hizo Steve Jobs a John Sculley, el exitoso ejecutivo de Pepsi. Para reclutarlo, Jobs le  preguntó: ¿Quieres vender agua azucarada el resto de tu vida o quieres hacer historia?.

3. Visión compartida. Al compartir su imagen mental de cómo van a mejorar las cosas tras implementar las ideas expuestas, el presentador estará motivando poderosamente a su audiencia a ponerlas en práctica. Para que funcione, esta estrategia demanda un acuerdo con la audiencia respecto de las ventajas de ese futuro posible.

En cuanto a las diapositivas finales, una buena idea consiste en reemplazar el insípido mensaje de agradecimiento por información de contacto.

contacto

La diapositiva final es una de las que suele permanecer más tiempo proyectada. ¿Por qué no aprovecharla para profundizar, evacuar dudas o establecer nuevos vínculos? Independientemente de que esos contactos se realicen, la audiencia agradecerá la predisposición del ponente.

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