Consejos para no sobrecargar de información a la audiencia


Cuando la audiencia disfruta una presentación suele ser poque el presentador tenía algo importante por decir. Es importante para él y pudo contagiar su entusiasmo, preocupación o lo que sea que sienta a los asistentes. Incluso si falla el proyector o las diapositivas no estaban muy bien diseñadas, si comunica claramente algo interesante, útil y motivador, el éxito está asegurado. Sin embargo, si el presentador está demasiado involucrado en su tema esto puede jugarle en contra.

arma

La importancia de su tema es un arma de doble filo, porque el presentador debe luchar para no transmitir demasiada información. Tiene que recortar contenido para no abrumar y perder a su audiencia ¿Cómo lograrlo? Los siguientes tips  pueden ayudar en esta empresa:

1. Verifica el tiempo asignado. Esto es fundamental para planificar el discurso. Respétalo y no te pases. Mejor aún: termina antes. Nadie se quejará de una presentación que dura unos minutos menos pero sí de la que dura más.

2. No partas de una tormenta de ideas. La técnica del brainstorming genera montones de conceptos pero en este caso, debes ir en direción opuesta para no perder el foco de tu presentación.

3. Usa la regla de tres. Cuando tengas un listado de varios beneficios que se obtendrán al escucharte, considera reducirlo a los tres más importantes para la audiencia. Tres serán fáciles de recordar pero si les proporcionas más, quizás no recuerden ninguno.

4. Testea el contenido con tu punto central. Primero identifica la idea principal de tu discurso. Luego verifica que cada dato, anécdota o información apoye ese punto central. Si no lo hace, elimínalo.

5. Ofrece material ampliatorio. Puedes incluir toda la información que has excluido de la presentación en un apunte en formato digital o impreso, pero no lo distribuyas antes de tu exposición para mantener la expectativa y minimizar distracciones.

La capacidad humana para atender y asimilar información en un tiempo acotado tiene límites. No fuerces la de tu público ofreciéndole más de lo que puede digerir sólo porque te sientes orgulloso de tu trabajo o de lo que sabes. Recuerda que una buena presentación no se trata del presentador sino de su audiencia.

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