Sobre la conveniencia de usar menos imágenes de stock


La estrategia de ilustrar el discurso en vez de transcribirlo en las diapositivas es el núcleo, el punto central de los cursos que suelo ofrecer. Como suelen decir, una imagen vale por mil palabras. Pero no cualquier imagen tiene esa capacidad. Por ejemplo, un clip art que era una novedad en la década de los 90 hoy es un recurso perimido y poco profesional. Una mejor opción son las fotos con buena calidad compositiva y técnica. Muchos sitios web ofrecen la posibilidad de descarga de imágenes así a precios accesibles o incluso sin costo. Parece una solución ideal ¿no?

Un recurso para ser usado con precaución

Un stock fotográfico (como suele denominarse a esos sitios webs) puede parecer una panacea porque aseguran calidad y, mediante sofisticados buscadores, permiten hallar rápidamente la imagen que buscamos. Sin embargo, mi recomendación es que este recurso se emplee prudencialmente, sobre todo en el caso de las personas. ¿Por qué? Acá van tres razones.

1. No reflejan emociones reales: A menudo ocurre lo contrario y es evidente que los modelos están posando. Estas tomas suelen caer en el cliché o verse poco naturales. Realmente, ¿es tan gratificante atender llamadas en un call center?

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2. No reflejan fenotipos y costumbres pertinentes: Como latinos que somos, puede resultar difícil identificarnos con situaciones que involucran a personas con rasgos nórdicos, por ejemplo. La consecuencia es el desapego y la percepción de que esa realidad que se nos muestra es distante y ajena. ¿Nuestros empresarios se saludan como en la foto que sigue?

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3. Son omnipresentes: Las fotos de stock aparecen por todas partes. Están en todos lados, se reciclan a cada rato y se transforman en una fórmula repetida hasta el hartazgo. ¿Cuántas veces hemos visto la imagen del empresario que sonríe de frente? Esta clase de imágenes se ha vuelto un lugar común y ya no aportan interés.

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Las imágenes de personas descargadas de un stock corren el riesgo de ser los nuevos clipart mil veces vistos y artificiales. En esos casos una mejor opción pueden ser nuestras propias imágenes. Hace 2o años era difícil contar con imágenes digitalizadas y el clip art fue una solución simple y accesible. Pero gracias a la evolución tecnológica, en la actualidad un smartphone de gama media permite capturar imágenes con calidad técnica aceptable, editarlas en un nivel básico y hasta armar un pase de diapositivas. ¿Por qué desaprovechar semejantes posibilidades? Es cierto que reunir un grupo de gente y organizar la toma lleva tiempo, pero los resultados serán personalizados, creíbles y más efectivos.

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