Cómo evitar la sobrecarga informativa


¿Cuántas veces nos hemos “quedado cortos de tiempo” al presentar? ¿Decimos mucho o damos muchas vueltas para explicarnos? El problema con esto es que mientras más explicamos tratando de aclarar, oscurecemos y perdemos asertividad.

sobrecarga

En estas situaciones, las técnicas de tormentas de ideas o mapeado pueden resultar inconvenientes porque lo que se requiere es tamizar las ideas, destilarlas y reducirlas a su esencia tanto a nivel cuantitativo como cualitativo. ¿Cómo lograrlo? A continuación, tres recomendaciones al respecto.

1. Es mejor tener un punto central único y claro: El punto central es aquél que la audiencia debería recordar o poner en práctica luego de nuestra presentación. En mis cursos suelen preguntarme sobre la conveniencia de tener más de uno, pero el concepto de “puntos centrales” es en sí mismo una contradicción o por lo menos un inconveniente. Si tenemos dos o más mensajes clave, el impacto de cada uno se diluye y es más difícil recordarlos.

2. El punto central es un buen filtro: Tener sólo un mensaje central no implica la inexistencia de conceptos secundarios. A menudo éstos cumplen un rol importante pero siempre y cuando complementen el punto central. Tener presente este último nos ayudará a filtrar los mensajes que apoyen el concepto más importante. Los que no lo hagan sólo producirán ruido y deberíamos eliminarlos de la presentación.

3. Un guión es como una hoja de ruta: En términos comunicacionales, no alcanza con definir la idea central y las secundarias. Es necesario además guionarlas, darles un orden racional que las concatene y evite redundancias, a fin de no explicar de mil maneras distintas un mismo concepto. Un buen guión demanda un tiempo extra de preparación pero vale la pena. Como su nombre lo indica, nos guiará discursivamente y evitará que nos empantanemos y despistemos a nuestra audiencia.

En definitiva, todo se reduce a planificar el discurso antes de preocuparnos por los aspectos visuales de la presentación. Si queremos que entiendan nuestras ideas (y no abrumar con demasiada información) primero debemos destinar una cantidad de tiempo a ordenarlas. O como dice una voz popular de manera clara y concisa: Mejor pensar antes de hablar.

 

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