Las imágenes de una presentación: precauciones y cuidados


Una frase muy popular expresa que una imagen vale más que mil palabras. Quizás sea cierto, aunque estoy seguro que no aplica a cualquier imagen ni a cualquier situación. Una fotografía técnicamente mal resuelta o un concepto complejo de sintetizar gráficamente son ejemplos en los que una imagen puede resultar insuficiente y hasta desaconsejable.

Es verdad que la visión triunfa sobre los otros sentidos y por eso, desde este blog propongo diseñar diapositivas más visuales que textuales. Sin embargo y más allá de cuestiones técnicas, al emplear imágenes es necesario tener en cuenta aspectos semánticos. La creencia en la superioridad de la imagen sobre las palabras está tan instalada que tendemos a pensar que su significado es inequívoco, que todos entenderán lo que queremos expresar sin importar la imagen que elijamos. Esto es un error.

Las trampas de la imagen

Al elegir una imagen es necesario considerar los dos niveles de su interpretación: el denotado y el connotado. El primero es más objetivo, literal y está constituido por elementos de carácter descriptivo o representacional. El segundo es más subjetivo y tiene gran importancia cuando se emplea la imagen para generar respuestas emotivas. El diseñador Jorge Frascara lo ejemplifica en estos términos:

Jorge Frascara“Un plato con frutas pintado por un pintor del siglo XVII representa un plato con frutas para nosotros y para mucha gente, ese es el mensaje denotado. A nivel connotado en cambio, para algunos significa abundancia, para otros hedonismo, para otros vanidad y para otros falta de imaginación. Para todos, es un plato con frutas.”

Entonces, lo primero que hay que considerar es que las imágenes pueden generar diferentes interpretaciones o connotaciones en diferentes personas. En segundo lugar pero no menos importante, las imágenes pueden generar diferentes reacciones entre los asistentes a la presentación.

brocoli

Arriba: La diapositiva muestra una planta de brócoli en el contexto de una presentación sobre las bondades de dicha planta. Pero para algunos integrantes de la audiencia, la imagen resultaba repulsiva, para otros parecía un insecto y en otros generaba rechazo.

El control total del mensaje connotado es virtualmente imposible, porque depende de muchos aspectos personales  de cada asistente. Sin embargo es necesario controlarlo lo más que se pueda considerando los marcos cognitivos y culturales del público. Fundamentalmente, es imprescindible que el presentador no caiga en la trampa de usarse a sí mismo como único referente para juzgar la claridad con que serán interpretadas sus imágenes.

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