Una presentación es un acto de comunicación


El título parece una obviedad pero su concepto, quizás por ser tan obvio, a menudo suele ser olvidado por los presentadores. Es fácil identificar ese olvido: su consecuencia es una exposición aburrida, poco clara, pobremente diseñada, eterna… Lamentablemente, ésta continúa siendo la presentación prototípica en muchos espacios empresariales y académicos. ¿Cómo superarla y evitar los ronquidos en la sala?

aburrido

En primer lugar es necesario considerar que, como en cualquier acto de comunicación, hay un otro a quien nos dirigimos que no necesariamente piensa, sabe y siente como nosotros. Nuevamente, parece perogrullada pero recordarlo es uno de los mejores antídotos contra la maldición del conocimiento y la desconexión de la audiencia. A continuación pongo a consideración de los lectores otras acciones a tener en cuenta en materia comunicacional.

Exponer un objetivo claro. Debemos contar a nuestra audiencia qué van a ver en la presentación. ¿Vamos a hablar de algo realizado o de un proyecto? ¿Queremos sumar socios, convencer, vender, emocionar? A menudo conviene expresarlo al principio o al medio y no al final, cuando todos están pensando en el refrigerio.

Transmitir las emociones. Como presentadores, somos la voz y el cuerpo del tópico que estamos exponiendo. Gracias a Aristóteles sabemos que no importa lo brillante que sea la exposición en términos racionales: perderá efectividad si no transmitimos la pasión, temor, alegría o cualquier emoción que nos provoque el tema expuesto.

Crear dramatismo. Es importante mantener la tensión en el público incorporando elementos inesperados y que provoquen la sorpresa de la audiencia. Entre otras estrategias podemos invitar a un orador, revelar una característica pasada por alto o un enfoque novedoso, formular una pregunta que revele un hueco en el conocimiento del tema o usar una diapositiva en blanco y hacer silencio por un breve momento. Con esto último no sólo daremos una pausa a la verborragia sino que generaremos expectativa por lo que sigue.

Disfrutar el momento. Una presentación no tiene por qué ser un motivo de estrés, incluso si hay grandes cosas en juego. A mi modo de ver es mejor no aprender de memoria las cosas sino vivenciarlas, transmitir lo que hemos asimilado y su impacto en nuestra órbita personal, laboral, etc. Transmitir esta experiencia con los presentes no sólo nos libera de tensiones y nervios; también nutre a nuestra audiencia con una perspectiva única y personal.

Sumar a la audiencia. Siempre que se pueda, es conveniente interactuar con los presentes. Las preguntas y las actividades grupales son maneras de manifestar que estamos pensando en los otros. Como beneficio extra encontraremos que la interacción activa a la audiencia y previene su aburrimiento.

Como ven, los consejos anteriores son extrapolables a cualquier acto comunicacional. No dependen de nuestro manejo de un programa ni descansan en la obediencia a sus asistentes o planillas. Y es que como decía Steve Jobs: “La gente que sabe de lo que está hablando no necesita PowerPoint”

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2 respuestas a Una presentación es un acto de comunicación

  1. Un artículo muy completo, aunque en mi opinión una presentación centra el mensaje y ayuda a hacerse entender. Eso si, me parece que PowerPoint es un programa algo desfasado, por eso escribí este post: https://www.classonlive.com/blog/10-herramientas-para-realizar-presentaciones-impactantes-2

    Espero que pueda aportar algo!!

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